El poder de las palabras

Las palabras abren o cierran mundos, nos distinguen y definen como personas.


Que la palabra tiene poder es de sobra conocido, lo vemos en la publicidad, en el periodismo, en la política, en la pareja, en los hijos... está claro que según lo que digamos la repercusión hacia un lugar u otro respecto a los resultados, tiene una influencia, a veces definitiva por lesiva, en las personas a las que nos dirigimos.


Lo que no está tan claro para algunas personas es la capacidad que tenemos de poder elegir aquellas palabras que nos ayudan a seguir adelante, aquellas palabras que sanan emocionalmente solo con escucharlas.


Cuando hablo de poder elegir, me refiero a que si te das cuenta de las coletillas que utilizas, "esto me está matando", "solo de pensarlo me hundo", "piensa mal y acertarás", incluso el tan utilizado "ya lo sabía yo", nos va a poner delante un mundo cerrado, oscuro y carente de posibilidades.


No quiero decir con ello que neguemos el dolor, las malas noticias, la realidad difícil que puede estar envolviéndonos y que como una gran nube oscura de tormenta parece que nunca va a desaparecer; a lo que me refiero es a que si nos damos cuenta de nuestro lenguaje nos haremos un gran favor, porque de él depende nuestros sentimientos y nuestras acciones.


El lenguaje que da posibilidades es diferente, estimula una química en nuestro cerebro que ayuda a mejorar el ánimo, cosa de vital importancia ante momentos de dificultad, incertidumbre o caos. Una palabra de aliento, de superación, de ánimo nos mantiene enfocados en ver posibilidades, en mantener la calma, en saber esperar, pero con una mente activa en búsqueda de mejores soluciones o caminos hacia un mundo de apertura y cordialidad.


Cuanto más te das cuenta de cómo hablas más capacidad desarrollas para elegir otro lenguaje. No se trata de engañarte, se trata de seleccionar lo que te acerca al mundo que deseas. Alejar la queja constante, la irritación, intolerancia, crítica mordaz, incluso las bromas hirientes (que de graciosas no tienen nada), te llevará sin duda a otro lugar.


A nivel emocional, si utilizas las siguientes palabras, entre otras, en tu lenguaje habitual te acercarán a emociones más saludables:


comprensión, aceptación, generosidad, desapego, disculpar, flexibilizar, asumir, relajar, calmar...


A nivel mental, elegir pensamientos que incluyan las palabras:


claridad, foco, discernimiento, orden, prioridad, saber, conocer, posibilidad, éxito, dirección, adecuado, posible, salida, buscar, oportunidad...


entre otras, te mantendrá atento y alerta, pero sin tensión ni exceso de control, porque hay cosas que no dependen de nosotros y habrá que aceptar nuestra imposibilidad de cambio. Por ejemplo: si mido 1,60 he de aceptar que no depende de mí ser más alta por mucho que lo piense, o ser hijo único, o cambiar la familia que tenemos, son algunos ejemplos de gasto energético que no produce más que irritación, intolerancia y sufrimiento.


A nivel físico: seleccionar palabras que potencien nos ayuda a elevar la autoestima, el valor personal y la credibilidad que tenemos hacia nosotros mismos, sin caer en la arrogancia o prepotencia de un ego mal gestionado.


Frases como: "en estos momentos no estoy muy saludable" no es lo mismo que decir "siempre estoy enfermo", "voy a mejorar mi aspecto físico" no es lo mismo que decir "odio mi cuerpo, siempre me veo fatal, haga lo que haga no mejoro".


Buscar recursos lingüísticos ayuda a que te pongas en acción sin sobrecoste emocional, mental ni físico, siendo conscientes de una realidad que es de la que podemos partir si es nuestro deseo mejorar el ánimo, la voluntad, el mundo personal que nos rodea.


Empezar por uno mismo es de gran importancia porque ante la dificultad que supone el cambio y la elección de un lenguaje más propio y adecuado, hace que entiendas que, para otros, sobre todo si no son conscientes de ello, les parezca algo superfluo o de poco valor o influencia en la vida.


Hablar desde lo que se quiere en vez desde lo que NO SE QUIERE es un gran e importante cambio que actúa muchos niveles.


Ejemplos:

  • No quiero que me falten al respeto por quiero que me respeten cada día más.

  • No quiero que mi hijo enferme por quiero darme cuenta de lo que es más saludable para mi hijo.

  • No quiero suspender por ​quiero aprobar.

  • ​No quiero quedarme en paro por quiero ver alternativas para seguir activo profesionalmente.

  • ​No quiero parecer inútil por quiero conseguir ser útil.

  • ​No quiero que todo me pase a mi por quiero conocer porqué hay cosas que me pasan de forma constante a mi.


Y así sucesivamente hasta generar un buen diccionario interno consciente, realista y adecuado para mejorar nuestro mundo e influir en el mundo en general.


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